.: por Daniel Guberman
“No se puede ser tan mezquino en este juego”. Las monótonas y repetidas columnas del predicador del tiki-tiki no iban a perderse la oportunidad de demonizar el planteo de aquel Inter que tuvo como emblema a Samuel Eto’o, un fantástico... lateral izquierdo. El Inter –luego de la injusta expulsión de Motta- no sólo renunció a cruzar mitad de cancha: expuso ante nuestros desacostumbrados ojos -y nuestras adoctrinadas ideas futbolísticas- al Señor goleador (Genoa, Zaragoza, Inter, Racing… hace goles en cualquier equipo del mundo) Diego Milito y al ya citado Eto’o despachando pelotazos hacia la nada desde su propia área.
No hace falta ser Cappa ni cultivar su intransigencia ideológica (la de la disyuntiva “Se juega al tiki-tiki o se juega mal”) para sentir rechazo, repulsión o en algunos casos indignación ante la estrategia de Mourinho. Descalificar el trabajo del Inter y tiranizarlo por ultradefensivo o antifútbol es fácil. Pero reconocer las virtudes de un estilo ideológicamente distinto al de uno no lo es. Y no hace falta ir al fútbol para eso, alcanza con ver 6,7,8 o con leer Clarín, fieles expositores –desde ángulos opuestos- del Cappismo político (no precisamente por practicar el tiki-tiki, sino por el afán de magnificar los valores propios y descalificar los ajenos).

Sí, jugar bien. Porque jugar bien no necesariamente quiere decir jugar lindo, al tiki-tiki. Jugar bien también significa ser superior al rival, merecer ganar. Y en la suma de los dos partidos el Inter fue indiscutiblemente superior al Barcelona y mereció pasar de ronda.
Yo no soy de los que creen que para ganar hay que tirar tacos, caños y entrar en el arco con pelota y todo. Pero si tuviera que identificarme con un estilo, me quedo con los equipos pacientes que proyectan su juego a partir del control de la pelota (cuando las circunstancias y el plantel se lo permiten, claro). Estilo que practica el Barcelona, pero también practicaron la selección de Pekerman o el Arsenal de Wenger, cada uno con sus variaciones, con mejores resultados en unos que en otros. Es sólo un estilo, una ideología si se quiere. Otros prefieren un estilo más directo en ataque, sin tanta retención de la pelota en mitad de cancha, como el que propone Bielsa. Y otros prefieren un fútbol donde se priorice la defensa y se juegue de contra.

En su nota, Varsky habla del revolucionario Mourinho. Es cierto, ver a Eto’o y a Milito defendiendo en su propia área fue casi una revolución futbolística. Y toda revolución nos deja un mensaje: no nos encerremos en la doctrina, critiquémosla. Creamos en nuestros ideales, pero reconozcamos también las virtudes de los otros. Mourinho fue aún más allá. No sólo las reconoce, sino que también las adopta cuando la ocasión lo amerita. Tenemos mucho que aprender de él, de su mensaje. No sólo en el fútbol.
Cappa declaró al 28 de abril del 2010 como “un día triste para el fútbol”. Yo, aunque en su momento me haya provocado cierta incomodidad el planteo del Inter (quizás por estar demasiado enceguecido por la doctrina), lo veo como una invitación a abrirse, a explorar y a aprender. Por cierto, disfruté mucho el partido, a pesar del (o gracias al) “desprecio enorme por el fútbol” que mostró el Inter.
1 comentarios:
Dani pecho frio!
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