Notas

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21.3.10

¿Qué hiciste este verano?

Este verano empezó movidito. Le temimos al calor y al cemento, duo infernal. A la poderosa Catalunya, plagada de españoles, y a la separatista Lezama. A chocar en la 65 y a que la Selección chocara por culpa de Bilardo y su complot.
Rezamos para que los Patronelli llegaran al final del Dakar sudamericano y ellos nos regalaron una victoria nacional y popular. La lluvia amenazó pero no pudo con las exitosas vacaciones en la costa atlántica. La lluvia hizo estragos en Puente Pacífico y la tercera vez fue la vencida: las cámaras llegaron antes que las primeras gotas. Le agradecimos a los bomberos por su semirrígido.
Le tuvimos miedo a la locura de Eduardo Vázquez y de La Hiena Barrios y al travesti que quiso adoptar dos hijos. Apoyamos a la jueza María José Sarmiento en su cruzada contra el pago de la deuda con reservas mientras el juez Thomas Griesa esperaba en Nueva York con el dedo encima de la tecla Enter.
Sufrimos por el terremoto en Haití y juntamos dinero para su reconstrucción. Sufrimos por el terremoto en Chile. Nos olvidamos de Haití. Cantamos y bailamos por nuestros hermanos trasandinos.
Lloramos por Sandro y prometimos no volver a tocar el cigarrillo.
Nos indignamos con la compra de dos millones de dólares de Néstor Kirchner y con la moda hotelera en el seno del gobierno. Temblamos cuando vimos a Moreno y nos sacaron canas verdes los manejos dentro del Indec.
Volvimos a rezar cuando Kirchner se internó por la carótida. Todo salió bien.

Disfrutamos con los goles de exportación de Messi pero la Selección doméstica sudó para ganarle a Jamaica, que jugó con un mediocampista universitario.
Desconfiamos del equipo de Copa Davis (a Suecia, allá y sobre hielo, no le ganamos) pero, por suerte, voló Nalbandian y "se vistió de héroe".
Escuchamos que a la Presidente Cristina Fernández "mesura" le suena a "censura" (nos regocijamos con 678).
Vimos en Cobos el espíritu de De la Rua y acusamos a la UCR de golpista. Nos enfurecimos con el pacto Menem-Kirchner, con la judicialización de la política y con su hermana.
Rivalizamos con "La cinta blanca". Francella nos dejó con las ganas de un "a comerlaaaa". La Presidente nos recomendó merluza y no carne, que está tan cara.
Nos desayunamos con la ida de Basile y de Bianchi. Nos enteramos que Boca volvió a ser un cabaret, que Ortega "recayó" y que Palermo no era intocable (no se metan con Martín).
Los ingleses nos volvieron a demostrar que tendrán cara de giles pero no son ningunos pescados y quieren extraer petróleo en la zona de Malvinas. Preguntamos para qué sirve un submarino atómico.
Aplaudimos el diálogo de las democráticas fuerzas políticas chilenas, tan distintas a los piqueteros que cortan la 9 de Julio. Envidiamos a los trapitos, que se hicieron el mes con el recital de Metallica.
Nos asustamos con Luis Alberto Sarmiento, el "mago de la picana". Ya no.

8.3.10

Un latoso en el pullman (I)

He aquí algunas reflexiones sobre los viajes en ferrocarril en nuestra vida. Si son nuestros, cómo nos juegan en contra: la primera cuestión de esta serie de notas.

foto: sateliteferroviario.com.ar

It takes a lot to laugh, it takes a train to cry

El traqueteo, los paisajes por la ventanilla, pensar en que los rieles están ahí abajo soportando el peso, sobre nuestra tierra. Golpeaba con los nudillos los bordes de las puertas y comprobaba el estado de los vagones. Deplorable estado, estado... el Estado! Sí, el meollo de la cuestión a tan poca distancia. A tan solo un paso, de entrar en las estaciones y ver las caras del resto, de subirse a viajar. En el mismo suelo que pisás.
(Destino: por ahora, el sur de la provincia de Buenos Aires. Las zonas de sierras, y más abajo, donde empiezan a sentirse los vientos fuertes que desvían los chumbazos en los potreros. Aunque no tanto.)
Me enteraba de algunas notas de color mientras preparaba el recorrido a Bahía Blanca. Las perspectivas de un viaje aumentan cuando se lo toma a veces como un desafío, como una forma de aguante. Noto eso en las cosas públicas descuidadas que se nos presentan como opciones para la vida, y las tomamos o las dejamos, y al tomarlas, les sacamos el brillo del esfuerzo. (El esfuerzo de estudiar en la UBA, por ejemplo, como una aventura burocrática y política, a la que también el tren conecta. Ese raro aguante de ser "gente de la UBA", como reza un orgulloso grupo en el "caralibro", más allá de estudiar). El transporte público, o lo que se le parece, el viaje como ganado, como forma de tener que explicarnos el esfuerzo de esta vida loca, loca. La cosa pública como expresión de un sin fin de vueltas por edificios de ministerios y papeleos para hacernos visibles, para que se nos vea la forma humana y se nos llame sujetos (en efecto, sujetos a tantas cosas). ¡Un objeto como el tren, creación histórica, cúmulo de saberes, que debe servir al fin de mejorarnos la vida, queridos sujetos humanos!
Optar por el tren cuando tu destino es el relajo (despejarse), y no que te espere algo (trabajo, conocidos), hace que la aventura del hombre tome otro tinte. El precio del pasaje, en comparación a un micro de larga distancia, es buen punto. Ok. Y bueno, también cierta mística que atribuyo a las locomotoras y chatas... quizás por jugar de niño sobre las vías, por ver los trenes desde los puentes de Caballito, porque te hayan afanado en uno de ellos, por las imagenes de la pantalla, por las canciones y los relatos que transcurren en ellos. Dejando atrás estas variables personales, lo de aventura surge cuando esa opción te la presentan con algún tipo de riesgo moderno, la peligrosidad de un viaje cuando las cosas no ocurren con la tranquilidad idealizada.

Y ahí puede que te olvides de los desastres que se hicieron en su administración, si uno se pone serio. Por eso, esa emoción o aventura está muy bien, pero bancarse un mal transporte no debe dejar más que bronca y nada de conformidad. No quiero oir de ese "me la banco y voy en tren", a secas. Solamente cuando es una opción y porque tal vez vivir la experiencia sea la única forma de comprender lo que pasa y lo que sienten otros. La repetición incesante de esas situaciones, de atravesar la vida sufriendo logra a veces que se torne natural tanto esfuerzo y eso construye formas de reconocerse y hacerse notar, aunque suene raro. Cuando alguien está jodido porque vive en tal barrio jodido y lo asume y cree que en la vida nada hay tan difícil como lo que está acostumbrado. Si se queja y lucha, está en carrera: bien. Aunque sucede que los años y años de tanto descuido nos dejan aletargados y acostumbrados a la mediocridad. Y a algunos eso los hace más machos, creen. Y lo que no creen es que pueda cambiar alguna vez y puedan disfrutar de un buen viaje. Escabroso objetivo que se ha logrado en este país, por parte de los poderosos, los que controlan a todos, y por parte de estos últimos, discurseados de que un grupo de personas cuyas mentes dictan "obtener ganancias" puedan pensar en mejorar la vida de todo un pueblo. Racionalidad formal, mentalidad empresarial, le llaman. Pfff.


(continuará)

1.3.10

Epifanía de la heliofanía

Soy un ser de cierto tipo que no sé. Nacido del seno de otro ser en una agrupación de millones de otros seres que llamamos “ciudad”. Para mantener mi existencia necesito meter a mi cuerpo cosas que producen otros seres, para lograr eso, en la ciudad se necesitan una cantidad de papeles que se los tengo que dar a otro ser para que me dé esa sustancia vital que llamamos “comida”. Para producir esa comida, algunos seres tienen que trabajar a cambio de esos papeles que no sólo te dan comida, sino refugio, agua, conocimiento, ropa (unas cosas que nos ponemos encima para no pasar frío, porque desde hace milenios hemos perdido pelo y grasa corporal, y también por pudor, no podemos mostrar nuestro cuerpo a todo el mundo, nos da vergüenza o bien a los otros les da asco) y todo lo necesario para reproducir la existencia, al menos física. Aunque también, por algo llamado “cultura” hay otros bienes que van más allá de mantener nuestra existencia y se supone que se consiguen cuando la existencia está asegurada, como adornos, un medio de transporte (para ir de un lugar a otro más rápido que yendo a pie), teléfonos (para hablar a distancia con otro ser), computadoras (son muy complejas, es complicado describir qué es lo que hacen). Algunas de estas cosas fueron inventadas hace menos de 50 años. O sea que lo que llamamos “humanidad” pudo sobrevivir perfectamente sin ellas anteriormente.

Algunos humanos viven en la ciudad y otros en el campo. Algunos están sanos y otros enfermos. Algunos hacen música y otros no. Algunos creen en dios y otros no. Algunos saben arreglar cosas manualmente, otros tienen que pagarle (con esos papeles) a alguien que sepa. Algunos conocen bien el planeta y a otros no les importa. Algunos se casan y otros no. Algunos viajan mucho y otros no, o bien porque no pueden o bien porque no les importa. Algunos tienen sus sentidos y capacidades perfectamente desarrolladas y otros tienen alguna deficiencia física o mental. Algunos son de los trópicos y otros de latitudes más frías; unos pescan en el mar y otros cazan en la selva; estos riegan sus cultivos y aquellos poseen un pedazo de tierra del cual sacan renta (papeles) sin siquiera pisar esa tierra. A estos se les muere el ganado con una sequía y estos otros se quedan sin casa por una inundación. Algunos no saben nada de todo esto porque no salen de las ciudades, mientras otros no conocen cines, ni teatros, ni computadoras, ni saben leer.

Algunos están en el medio, viven en pueblos y conocen alguna ciudad y también el campo.

Algunos son ricos, otros muchos son pobres. Algunos piensan que el mundo va bien así como está, otros que no. Algunos participan en política y otros no. Algunos son reyes y otros presidentes. Hay quienes mandan y quienes son mandados.

Había una vez en que no existía nada de esto. Quién sabe si hoy tenemos más que entonces.

19.2.10

Palermo Hollywood


Alerta meteorológica para Buenos Aires, Córdoba, La Pampa, Río Negro, sur de Santa Fe. Alerta meteorológico también para Capital Federal. Alarma. Posibilidades de granizo en La Ciudad. Sudor frío en la espalda. 

Las pantallas de los canales palermitanos anuncian una catástrofe. La noticia gana en relevancia por cercanía física, temporal (dentro de un rato, en cualquier momento, ya) y por repetición (vuelta al presente de un pasado reciente y trágico). La invasión sucederá de un momento a otro. "El cielo se está abriendo, pero, cuidado, porque si las nubes son altas hay más posibilidades de granizo". El locutor se transforma, de urgencia, en un experto sobre meteorología.
Los autos ya están bajo techo. En aquel 2006, la paranoia del automovilista encontró otro factor para enfermarse más y más. Casi como si el granizo hubiese sido inventado en ese momento.
Los televidentes nos informan que ya hay inundaciones en Glew pero eso es muy lejos, todavía sirve, todavía sirve. Los invasores viajan en tren, vía abajo: las vías del Roca están inundadas. Están en camino.
De pronto, el enemigo se muestra en Floresta, a pocas cuadras. Los tonos de la tele son dramáticos y las cámaras que registran el movimiento del fuerte se activan. Estamos en una película (como The Truman Show, aunque sin TrumanBurbank). Es una de ciencia ficción.
Pantalla roja, horror: se inundó Palermo. Invasión concretada y ahora quién podrá defendernos.
No es un exótico deporte de Vancouver 2010: cruzan en soga parece ser el videograph favorito. Los bomberos salieron al rescate.
El trago del verano tiene tres partes de tragedia, una de heroismo y una pizca de comedia. Se decora con pelotudez a gusto. Las camionetas parecen lanchas ¿O es que hay lanchas circulando? La obra se despliega en su totalidad y la gente común aporta sus imágenes. Ya no se habla del cobarde bombardeo helado ni de las conquistas del enemigo en la periferia. Ahora todos somos Palermo, todos estamos inundados y unidos en una cruzada. 

A la espera de que todo no sea negativo y de que el cielo sea azul C5N, vamos a estudios.
 
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