Notas

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18.4.10

Había que salvar el boliche

Cuesta verte con el otro, cuesta escucharlo por sobre la música. Decís lo que dice la letra de la canción, o coreás el estribillo, y buscás los ojos de quienes te rodean, que son muchos que hacen lo mismo.

¿Por qué los encuentros de muchas personas deben transcurrir bajo tanto barullo donde no podés dialogar tranquilo? ¿Será que el primer paso es discernir, de todo el lío de la "marea humana" (célebre frase del sefuetintero Franco), aquellas situaciones que después podrías continuar en algún lugar más calmo? Muy parecido a la vida diaria, ¿no? La que transcurre en el día y que nos mueve a esperar los viernes y sábados para probar "otra cosa", un despeje mental.
Estar ahí, chequear el ambiente, sacar a las personas con las cuales superar el desconocimiento y olvidar volver a la muchedumbre, al menos en la oscuridad ruidosa. Creo que todo inmueble debería tener acceso al aire de afuera para poder hinchar el pecho y regresar al local. Y cuando amanece y la luz te hinca los ojos, notar que tu voz se ha apagado a pesar de no haber dicho cosas muy comprometedoras, que el día te reclama encima que lo pienses un poco. Como hoy -recuperado de cierta resaca e intentando sobreponerme a otro ataque a mis vejados tobillos-, a pensar en esta modernidad bolichera.

13.3.10

El caballero y el cartonero

Cierto atardecer en que debía huir de mi lugar de trabajo a tomar clases de percusión con mis amigos, pasé con mi amada bici por la calle Boyacá.

Aquí pasó lo siguiente. Un elegante carruaje tirado por un caballo blanco impecable cuyo jinete era un caballero de martingala y galera, esperaba a una feliz pareja de recién casados salir de su departamento para dar un paseito.
En ese momento pasaba un cartonero de cierta edad tirando su carro en sentido contrario, en cierta forma, también dando un "paseito" sólo que más interminable que el anterior.
En ese instante, el hombre pobre dice: "Qué bien que me vendría ese animal".

Yo seguí dando mi paseito en la bici, en cierta forma, pensando lo mismo que el cartonero.

Jugando con las palabras

Encuentre el "error". Es burdo pero, si no aparece, seleccione el espacio señalado abajo.
<
..."dura denuncia". >

12.3.10

Logorama (2009)

Aquí y sólo hasta que sea bajado de un hondazo, Logorama, ganador del premio al mejor corto en los Oscar.
Dirección: François Alaux, Herve de Crecy y Ludovic Houplain
Año 2009




27.2.10

Plusvalía crítica

Dicen que Natalio Botana, fundador y primer director de Crítica, instaló un bar en el edificio del diario. El objetivo era doble: que los periodistas no andasen en la tentadora avenida Corrientes del '20 y tenerlos siempre cerca. Las noches eran largas.

Roberto Tálice, en “Cien mil ejemplares por hora: memorias de un redactor de Crítica, el diario de Botana”, también da cuenta de otro episodio relacionado con la disciplina. Había rangos dentro de la redacción. Jorge Luis Borges y Roberto Arlt, por ejemplo, sólo debían cumplir con su trabajo, no importaba cuánto tiempo le dedicaran. Pero la redacción llana no tenía tanta libertad. Sin embargo, y como las sobremesas terminaban a la madrugada, era normal que entraran tarde al edificio. Un día se encontraron con dos novedades: un reloj grande en la pared y, debajo de él, un “inglesito" que controlaba las fichas. El guardián duró poco: le hicieron la vida imposible.
 
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